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Los alimentos como portadores de agentes químicos.

Para que un individuo acepte un alimento depende de muchos factores, el color, aroma, sabor, textura, costo, valor nutritivo, facilidad de preparación, etc. Cada componente del alimento influye en alguna medida en estas características; sin embargo en ocasiones necesitan reforzarse para obtener productos más atractivos y diferenciados para el consumidor.

Quienes hacen esto son los aditivos, que son sustancias o mezcla de sustancias, que se adicionan intencionalmente al alimento durante las etapas de producción, envasado y conservación para lograr ciertos beneficios. En esta definición no se incluyen materiales contaminantes indeseables, tales como plaguicidas, metales pesados y otros que pueden causar un daño al ser humano.

Existe controversia sobre su uso, sobre todo entre la gente que desconoce los aspectos legales y las ventajas que representa su adecuada aplicación. Está claro que los aditivos deben usarse como una ayuda en la fabricación de alimentos, pero nunca para enmascarar materias primas o productos de mala calidad; en este sentido es muy importante el profesionalismo y honestidad del técnico para no engañar a los consumidores del abuso indiscriminado de estas sustancias.

Cada país tiene sus propias leyes al respecto, la FAO (Food and Agriculture Organization) y la OMS (organización Mundial de la Salud), emiten recomendaciones para el consumo de aditivos mediante el Codex Alimentarius; estas dos organizaciones internacionales han establecido la ingesta diaria aceptable (IDA), y han clasificado a los aditivos en tres categorías, A, B y C de acuerdo con su seguridad; siendo A los más inocuos, mientras que los C tienen limitaciones para su empleo.

La IDA es la cantidad de un compuesto que puede consumir un ser humano de por vida, sin que represente riesgo para la salud, con respecto al peso corporal y es determinada luego de varios estudios de laboratorio.

El empleo de aditivos aumenta cada vez más en los países desarrollados, ya que demandan un mayor número de alimentos preparados y listos para servirse. Por el contrario, en los países en vías de desarrollo donde aún se consiguen fácilmente muchos productos frescos y hay tradición en la preparación hogareña, su uso es más reducido.

 

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